martes, 13 de abril de 2010

COLOMBIA: MEDELLIN - CARTAGENA - BARRANQUILLA - SANTA MARTA - MEDELLIN

Camino a Medellín.

Luego de muchos kilómetros recorridos, mucha aventura, algún contratiempo, y muchos amigos en el camino, llegamos a Colombia, en principio, la meta del viaje.
Entramos ya entrada la noche por Ipiales, donde decidimos hacer noche luego de todo un dia de viaje desde Esperanza.
Las primeras cosas que notamos son la buena onda de los colombianos y la diferencia de precios con Ecuador, sobre todo en la gasolina, que cuesta el triple. Además empezamos a ver los primeros de decenas de peajes que nos iban a esperar en el camino y que tienen un costo que realmente lo ponen a uno de mal humor.
Alberto e Itzi, l@s chic@s español@s de La Chancha, nos habían recomendado por mail una laguna cerca de Pasto donde les parecía bueno que ofrezcamos nuestro oficio cartelero a los restaurantes de la zona, asi que luego de una noche en Ipiales partimos hacia allí.



Llegamos a Pasto también de noche, ya que aquí oscurece a eso de las seis y media de la tarde, y decidimos pasar otra noche de hotel ya que a esa hora es difícil encontrar donde dormir con La Caracola. Esa noche en la tv pudimos ver canal 7 de Argentina y nos entretuvimos con los lios políticos que mostraba 6-7-8 y hasta nos dio alguna nostalgia.
Tempranico al otro dia partimos hacia la laguna de La Cocha. Fueron 25km de subida hasta llegar a una altura donde el frío nos obligaba a las lanas, pero donde de pronto tuvimos la maravillosa vista desde bien arriba, del gran espejo acuático.



Al llegar vimos que los restaurantes eran muy lindos pero tambien humildes y bien de los lugareños, gente de la pesca artesanal y la atención al turismo. Asi fue que decidimos disfrutar un rato del lugar y seguir viaje hacia el norte, para ir acercándonos a Cali.







El lugar era hermoso, sobre todo la parte de las casitas de madera que estaban todas adornadas con flores muy coloridas y los restaurantes con sus ofertas de truchas que no dejamos escapar.
Siguiendo el camino, unos 800 km hasta Medellín, empezamos a disfrutar de la cordialidad y la amabilidad colombiana. Cualquier pregunta que hemos hecho fue respondida con esmero. Algo que vemos aquí que no sucede en Argentina es que las casas dan de frente a la ruta, entonces al atravesar los pueblos podemos ver a las gentes recostadas en las hamacas, charlando, sentados tomando algo, los chicos jugando, familias almorzando, y queda la sensación de una visita fugaz a la vida cotidiana.
Pasamos por la colonial Popayán, pasamos por Armenia, hicimos la ruta del Café en un tramo, con pena elegimos evitar Manizales porque significaba un camino más largo, con pena pasamos por el costado pero no entramos a Cali, y uf! por fin llegamos a Medellín, luego de largos caminos de montaña maravillosos y también jodidos, una curva detrás de la otra y muchos camiones para esquivar.


Ruta del café.




Popayán


Pueblo paisa. ( Paisas son los habitantes de la región de Antioquia)
(Gente alegre y de muy buena onda)


Vamo' que hay joda!


Llegada a Medellín

El encuentro con los chicos fue maravilloso, muy emocionante. Cuando nosotros salimos de BA, llegar a visitarlos a ellos era nuestra idea loca, y aquí estamos. Después de 2 años de no vernos la confianza fue inmediata, nos recibieron con churrasco y papas fritas y nos brindaron su hogar, dándonos la fabulosa posiblidad de descansar y recomponernos física y mentalmente de la maratón de kilómetros que hicimos hasta allí. Estamos en un lugar privilegiado, a 20 minutos de la ciudad, en la montaña, el clima es perfecto: calorcito agradable de día y fresquito de noche. Aquí todo el paisaje tiene algún grado de inclinación, cualquier piso plano está hecho artificialmente, es un poco vertiginoso al principio y no es raro caerse en alguno de los senderos. Cata, Yann y Camila viven aquí desde hace 2 años y lo que han trabajado en su tierra es admirable, haciendo terrazas para cultivos y plantas, gallinero, estanque, trazando caminos, nivelando el terreno, además de la casa y los muebles que van construyendo.
Camila y Lorenzo, que nacieron con sólo 5 días de diferencia, también están muy contentos de encontrarse y aprenden mucho juntos.}


Cami y Lolo.




Trabajando la pacha en lo de nuestros amigos.


Milanesa argentina si las hay.

Llegada de Esther.

A la semana de llegados llegó la mamma!, Esther, mamá de Mer y sobre todo abuela de Lolo!, que no pensaba perderse la aventura. Alquilamos una casita a 20 minutos de caminata de Can CuCú (así se llama la finca de Cata y Yann), y pasamos unos días de encuentro muy contentos y tranquilos.


Esperando en el aeropuerto.


Llegó Esther!


La casa.


La vista desde la casa.


Lugar de descanso de La Caracola.

En esos días festejamos el cumpleaño de Mer. Hicimos unas pizzas y tomamos unos vinos en la casa junto a Cata, Yann y Cami. Todo muy tranquilo y respondiendo por internet a las felicitaciones a la cumpleañera.


Los niños en el cumple de Mer.



Esther quería recorrer un poco de Colombia, pensando en el Caribe, y planteó “¿me voy sola o vamos todos?”
-Y… vamos!, dije yo
-¿Y si le pasa algo a la Caracola?, ¿Y si vamos en bus? dijo Beto.
-¿Qué le puede pasar?, repuse indignada.
- “Y bueno, vamos”. Dijo Beto.

Y fuimos, y pasó de todo.


Saliendo de la casa hacia el Caribe.

El viaje al Caribe.

El camino fue mucho más largo de lo esperado (la verdad es que salimos con cero información). El destino: Cartagena – Barranquilla – Santa Marta. Pensábamos demorar un día y nos tomó 2 ½.

La primera noche la pasamos en Yarumal, una ciudad sobre la falda de una montaña, con su plaza inclinada y sus boliches en penumbra nos pareció muy hermosa, luego nos dijeron que aquí se la conoce como la ciudad de las “3 F” : fea, fría y falduda. Sí que hacía frío. Llegar aquí nos llevó unas 5 horas, aunque está a sólo 100 km de Medellín, el camino es empinado e intrincado.


Yarumal.

Al día siguiente fuimos a conocer la plaza a la luz del día, compramos unos exquisitos buñuelos y partimos, fueron pasando los kilómetros y todavía nos quedaba bastante camino de montaña, luego se puso más llanudo y el clima agradable de Medellín se transformó en un horno pegajoso.


Las "Chivas". Típicos buses populares colombianos.

Uno de nuestros faroles andaba con poca potencia, Beto se puso a revisarlo y la lamparita se rompió y el vidrio y el anillo de metal quedaron flojos. Sostuvimos el asunto con cinta de papel y unas cuñas con palitos (haciendo honor a “lo atamo con alambre”) y seguimos, con la preocupación de no poder dejar que nos agarre la noche en la ruta.


Parada en pueblo norteño con mucho calor.



Fruta exótica, para nosotros. Muy rica ademas.

La segunda noche la pasamos en Sahagún, temprano seguimos viaje y a 200 km de Cartagena, nuestro primer destino, la Caracola empezó a escupir la 4ta. Por suerte si teníamos la palanca se quedaba, así que entre Beto y la copilota de turno la sostuvimos.


Calor!!!!


Cartagena

Cartagena de Indias nos deslumbró, tuvimos la suerte de conseguir un hotel barato dentro de la Ciudad Amurallada, y casi no salimos de ahí, dedicándonos a recorrerla de arriba abajo mientras el calor lo permitía.

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Barco pirata!


Atardece en la muralla.


La Caracola en su esquina.


No hay playas lindas cerca de la ciudad, así que decidimos tomar una excursión a una isla que prometía como las de las postales. Excursión = mala decisión. Tomamos un barco, bastante caro por cierto, que nos tuvo navegando 2 horas hasta una isla donde el único programa era ir a un acuario, que se cobraba aparte. Luego de la espera de 45 minutos (a los que no fuimos al acuario), nos subieron de vuelta al barco, y navegamos 1 hora y media hasta la dichosa isla de la postal. Trasbordo para llegar a la orilla porque el barco era demasiado grande para llegar. Ni bien bajar, cual moscas, unos 30 vendedores se nos tiraron encima, con un nivel de pesadez asombroso, mientras nos daban el “suculento” almuerzo incluido, no paraban de desfilar, que masajes, que caracoles, que tallas, que pulseras, que collares, que camarones, que tatuajes, y otra vez la de los masajes, otra vez el de los caracoles…
Bueno, a la playa! Y vuelta a desfilar todos los vendedores.
Tuvimos la posiblidad de hacer 20 minutos de snorkel, de darnos un chapuzón y ….. suena la bocina del barco! Todos arriba!
En fin, nos sentimos unos idiotas.
Lo peor de todo: a esta playa se podía llegar en auto en 1 hora... de esto nos enteramos ya arriba del maldito barco.


A navegar!! (Demasiado para nuestro gusto)


En camino


La foto de las revistas!



Luego de 3 noches en Cartagena decidimos poner rumbo a Barranquilla, donde habíamos hecho el contacto con el Club VW de allá para que nos recomendaran un mecánico para revisar la caja de cambios. Antes de partir quisimos mandarnos una cagada más, y decidimos conocer el “Castillo de San Felipe”, caminando 10 cuadras bajo el sol del medio día, para llegar, pagar una carísima entrada, y descubir que en realidad es un “Fuerte” y no un “Castillo”, sin sombras para cobijarse salvo unos túneles con fuerte olor.


El Castillo.

Con la moral bastante baja y medio insolados, preguntando a los lugareños, tomamos la ruta hacia Barranquilla. Un ruido extraño nos llamaba la atención, paramos y vimos que nuestra lona cubre techo estaba desenganchada. “Oh, que raro, se soltó”. La atamos y seguimos. Al rato vuelta a sentir el ruido. “Pero che, que cosa”, la atamos y seguimos. A la tercera vez que paramos, por fin, nos dimos cuenta de que faltaba la mochila que habíamos dejado atada arriba, que algún cartaginés se apropió. Mientras seguíamos camino hacíamos el inventario de lo perdido, en realidad casi todo era ropa de abrigo y mantas, que bien se podrán meter en el … armario en Cartagena, donde hace el mencionado calor todo el año. Lo que más lamentamos es que ahí estaba el piso de nuestra enorme carpa (que no usamos nunca y pensábamos vender).
A mitad de camino nos sacamos la lotería (pal lado contrario) cuando una piedra vil vino a incrustarse en nuestro parabrisas, dejándolo cual vitreaux monocromático en cientos y cientos de pedacitos. Sí tuvimos suerte en poder parar en la banquina en seguida y sin problemas. Anonadados, no sabíamos qué decisión tomar, se nos ocurrió llamar una grúa y en eso estábamos cuando un hombre estacionó su bicicleta al lado y con mucha decisión buscó un palo y se puso a sacar el vidrio, que en cualquier momento se venía para adentro. El hombre había trabajado en un taller y sabía lo que hacía. Mil gracias, se llamaba Luis Alberto.
Cuestión que nos tocó manejar 60 kilómetros sin parabrisas y sosteniendo la 4ta.


Peinado por Caracola coiffeur.


Caracola ecológica.


Barranquilla

Llegamos a Barranquilla de noche y un tanto estresados.
Nota útil para viajeros: el camino que hicimos de Cartagena a Barranqilla es la ruta vieja, resulta que hay una nueva, más rápida, en mejor estado, y más bonita, va bordeando el mar.

Esther, si bien sostenía su moral en alto, no podía evitar su cara de “yo quería aventura pero no era para tanto”. Beto no podía evitar su cara de “yo presentía esto, debimos habernos quedado trabajando”. Lolo no podía evitar su fastidio por tantas horas sentado, calor y sueño. Y yo (Mer), no podía evitar mi angustia.
Por suerte al llegar a Barranquilla fuimos recibidos por Ricardo y el club VW de esa ciudad. Una gente de primera que desde que llegamos nos ofrecieron su ayuda y asistencia para que La Caracola recobrara su normalidad, ya que habia que arreglar la 4° y la superventilación que la piedra había fabricado.


Con la gente del club VW Barranquilla.

Esa noche dormimos en un hotel, luego de la caravana de los Escarabajos y la reunión en el parque.
Al otro día tempranito estábamos en el taller con el motor abajo y con Cogollo, el mecánico, desarmando la caja para encontrar el problema. Ricardo y un par de amigos nos acompañaban. Tuvimos que llevar el piñon de 4° a un tornero que le hizo unos dientecitos extra para que se agarre bien y no se vuelva a soltar. A la tarde, ya de vuelta en el taller, se armó todo, se subió el motor y listo. Faltaba todavía el parabrisas, ni mas ni menos.


Motor y caja abajo. Tranqui Caracola!

Esa noche y la próxima, dormiríamos en la casa de Ricardo e Ibeth, juntos a sus hijitos Ricky y Carito, quienes muy generosamente nos invitaron y nos recibieron como si nos conocieran de siempre. Carito se hizo muy amiga de Lolo y lo pasaron muy bien juntos.
Al otro dia nos tocó la larga recorrida por vidrierías y talleres VW en busca del parabrisas perdido. Resumiendo, encontramos uno que nos ofrecía un mecánico, de una kombi brasileña y que por suerte calzaba justo, aunque para colocarlo debimos ir al otro dia a una vidriería ya que no habia quedado muy firme en el primer intento. Tuvimos que aplicar lo poco que sabemos de regateo para conseguir el vidrio a la mitad de lo que nos pedian en principio, porque era inalcanzable para los bolsillos.



Agradecidos a la hermosa gente de Barranquilla y sobre todo a Ricardo y su familia, a Cogollo y a Will que nos dio maderas para que le pintemos unos carteles y los entreguemos en Medellín, nos despedimos emocionados con rumbo a Santa Marta, la que tiene tren pero no tiene tranvía.


Gracias siempre a Ricardo, Ibeth, Ricky y Carito!


Santa Marta

Llegamos por la noche y nos instalamos en un cómodo hotel cerca del malecón. La Caracola había andado bárbaro y descansó en el parqueadero. Paseamos un rato, comimos unas salchipapas y unos perros, y nos fuimos a acostar.
A la mañana siguiente emprendimos la excursión al Parque Tayrona, famoso por su naturaleza, su belleza e historia indígena. Al llegar alquilamos un caballo para que hiciéramos Lolo y yo (Beto) el tramo hacia la playa que caminando lleva casi una hora, mientras que Mer y Esther iban a pie y La Caracola nos esperaba entre palmeras gigantes.


La Caracola atónita ante la exhuberancia natural.


Que jinetes!




Atras del comilón, dibujo de los Tayronas, nativos del lugar.





Nos encontramos en la playa, luego de cruzar una selva-bosque increíble en donde Mer y Esther vieron un mono. Recorrimos solo un poco por la hermosa playa ya que el calor era infernal y preferimos tirarnos en una sombra.
Luego de comer pegamos la vuelta hacia La Caracola y hacia Santa Marta.
El último día en el Caribe, por ahora, fuimos a la playa de Taganga y disfrutamos del mar, para luego emprender la vuelta a Medellín.




Helados! Mmmmm....


En Taganga.




Vuelta a Medellín.

Tardamos otros dos días y medio en donde La Caracola tuvo dos problemitas. En un momento, en medio de la ruta, la noche y la lluvia, no quisieron entrar mas los cambios. Las lágrimas se asomaban a nuestros ojos con ganas de salir, luego de tantos inconvenientes y reveses que nos habían dejado el ánimo bien frágil. Por suerte juntamos fuerzas, entró la 4° y seguimos hasta un hotel en la ruta pensando que al otro dia todo se iba a arreglar. Por suerte fue asi, ya que al levantarnos me tiré debajo de La Caracola y me dí cuenta que el problema era que se había desajustado la mariposa del cable de embrague. Asi que ajustado, problema solucionado y a seguir marcha.



El gran rio Cauca.

El otro problemita se presentó cuando empezó a hacer ruido la rueda izquierda de atrás y paramos en una llantería a ver que pasaba. Se habian soltado los fierritos del freno de mano.


No todas son sonrisas.

Decidimos seguir y arreglarlo mas adelante en Medellin. Ya no habia ni paciencia ni dinero para estos menesteres. Lo único que queríamos era llegar, meternos en la casa de la montaña a descansar y recomponernos, ademas de relajarnos junto a Cata, Yann y Cami.


Paseando por Plaza Botero.



El balance del viaje al Caribe creo que es positivo. Si bien la pasamos mal de a ratos, angustiados dias enteros, también conocimos lugares de ensueños y gente de primera, y pudimos superar juntos una prueba difícil para los nervios y el ánimo, además del aprendizaje constante que brindan estas experiencias.
La última semana en la casa fue muy tranquila y relajante. Nos dedicamos a cocinar, y a visitar a nuestros amigos del lugar, Cata , Yann y Cami, a Rosa que nos cocinó un riquisimo sancocho y tortilla de acelga recién cosechada. Tambien Esther tuvo su paseo por Medellín acompañada por Don César, la persona que nos alquila la casa, y su familia.
Y asi, como quien no quiere la cosa, llegó el dia del regreso de la abuela de Lolo a Buenos Aires, seguramente con mas experiencias de las que esperaba.

¡Un beso enorme Esther y gracias por todo!! ¡Te vamos a extrañar! Nos quedan tus canciones para cantarle a Lolo y Cami y tus juegos que tanto los hicieron reir.